Comer tiene miga.
Comemos varias veces al día.
Lo hacemos para vivir, claro. Pero también para disfrutar, celebrar, recordar, pertenecer, cuidar, compartir o consolarnos.
Y, aunque nos gusta pensar que elegimos libremente qué ponemos en el plato, cada bocado tiene bastante más detrás de lo que parece.
Nuestra biología y nuestros sentidos. Lo que aprendimos a comer de pequeños. La cultura a la que pertenecemos. El tiempo y el dinero que tenemos. Lo que encontramos en el supermercado. Lo que cocina nuestra familia. Lo que está de moda. Lo que se produce, se vende y se pone a nuestro alcance.
Comer parece un acto cotidiano y sencillo hasta que empiezas a hacer preguntas.
¿Por qué nos gusta lo que nos gusta? ¿Cómo aprendemos a comer? ¿Por qué elegimos unos alimentos y no otros? ¿Qué ocurre cuando cocinamos? ¿Cuánto decidimos nosotros y cuánto decide nuestro entorno?
Cuanto más aprendo sobre comida, menos sentido encuentro en observarla desde una única disciplina.
Por eso existe Recogemigas.
Es mi cuaderno de bitácora para recoger pistas de la nutrición, la gastronomía, la ciencia, la cultura y el comportamiento humano; seguir preguntas que me parecen interesantes y conectar cosas que, a primera vista, quizá no parecían relacionadas.
Aquí habrá ciencia, pero también historia y cultura. Habrá fisiología y cocina. Estudios, observaciones, preguntas y alguna que otra idea que probablemente tenga que revisar por el camino.
Porque entender cómo comemos requiere mirar tanto lo que ocurre dentro de nosotros como todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
Recogemigas no nace para decirte qué comer.
Nace de la curiosidad por entender algo que hacemos todos los días y que, cuanto más lo miras, menos sencillo parece: qué nos hace la comida a nosotros, qué hacemos nosotros con la comida y todo lo que ocurre entre medias.
